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El poder transformador de la Atención Plena

“Ahora sé que cuando me bloqueo con Juan, lo único que necesito hacer es parar y tratar de ver de otra manera lo que está pasando. No es magia, sino saber estar presente ahí y ser capaz de escucharle con atención en vez de seguir enfadada porque no hace lo que yo quiero. Creo que ahora sí siento que quiero de verdad a mi hijo.

Victoria (madre de Juan, de 17 años) en un Taller de Mindfulness. Málaga, abril de 2012.

 

¿Qué lleva a una madre a decir que ahora sí siente que quiere de verdad a su hijo? ¿Acaso no le quería antes? Por supuesto que sí, pero por alguna razón no era capaz de amarle de forma completa.

padres-conscientes-15x22¿Y qué ha hecho para conseguir quererle de verdad? Según la propia Victoria: “Parar y tratar de ver de otra manera lo que está pasando” y “Estar presente ahí y ser capaz de escucharle con atención”.

¿Prestarle atención? ¿Nada más?

Y nada menos.

El testimonio de Victoria plasma mejor que cualquier tratado la importancia de la Atención Plena en la paternidad -y en cualquier otro ámbito de la vida-.

Lo puedo decir más alto, pero no más claro: la Atención Plena está demostrando ser la clave que posibilita transformaciones personales y colectivas insospechadas en los ámbitos físico, psicológico, socio-afectivo y espiritual.

Tengo la suerte de trabajar cada día como terapeuta de familia y capacitadora de profesores y alumnos en Mindfulness (Atención Plena o Consciencia Plena[1]) y el desarrollo de la Inteligencia Emocional. Y gracias a estos maestros de vida de todas las edades, he podido constatar que la Consciencia Plena nos permite transformarnos profundamente para vivir más a gusto con nosotros mismos y con los demás.

Son muchos los estudios científicos que ofrecen evidencias suficientes para animarnos a llevar una vida consciente. A continuación, incluyo una lista de los principales beneficios de la Atención Plena:

–         Genera un estado de equilibrio emocional relacionado con el bienestar y la calma.

–         Favorece estados de ánimo positivos y un mejor afrontamiento de los negativos.

–         Mejora nuestra forma de pensar y de gestionar nuestros pensamientos (nos hacemos más reflexivos y reducimos el mal hábito de “rumiar las cosas” o “darle vueltas a la cabeza”).

–         Facilita reconocer a tiempo los primeros signos de un problema (ayudando a resolverlo de forma más eficaz).

–         Permite observar las consecuencias de un comportamiento (facilitando el cambio de conducta).

–         Nos ayuda a exponernos a situaciones que antes evitábamos (porque dejamos de verlas como negativas) y afrontarlas sin reaccionar a ellas inmediatamente.

–         Facilita el conocernos mejor a nosotros mismos (y con ello, conocer mejor a los demás).

–         Aumenta nuestra capacidad de regular las emociones y mejorar las relaciones personales.

–         Tiene efectos positivos y saludables en la reducción de trastornos como la ansiedad, la depresión, los trastornos de alimentación o la psicosis.

Pero además de estos beneficios psicológicos también mejora el funcionamiento de nuestro organismo, ya que se ha constatado que:

–         Refuerza el sistema inmunológico y mejora los cuadros de enfermedades crónicas.

–         Reduce el estrés y el dolor crónico (con una disminución clara de síntomas físicos y psicológicos).

–         Mejora trastornos médicos como, por ejemplo, la fibromialgia, la psoriasis o el cáncer (relacionados con la mejora de síntomas emocionales).

Entonces ¿Hemos dado con la panacea? ¿Cómo puede ser que prestar atención comporte tantos beneficios y que nos facilite tanto amar a los demás?

Estos son, a mi parecer, los “tres pasos” que me sirven para explicar por qué la Atención Plena es la clave que buscábamos:

a)      Cuando estamos plenamente atentos a lo que nos sucede, no lo juzgamos.

b)      Prestar atención a lo que nos sucede sin juzgarlo supone aceptarlo (y además, nos libera del estrés, la ansiedad, el miedo y tantos otros males derivados de nuestros hábitos emocionales).

c)      Y esa aceptación sin juicio no es otra cosa que amor incondicional. (Eso que Victoria no había conseguido sentir de verdad. Eso que estamos buscando todos siempre).

Probablemente, en este instante, tu mente esté reaccionando diciéndote alguna de las siguientes cinco frases, a las que trataré de dar respuesta:

  1. “Esto de vivir con Atención Plena no puede ser tan sencillo como parece”.

Vivir plenamente cada momento puedeparecer algo complicadísimo, o incluso imposible, con el estilo y ritmo de vida que llevamos. No obstante, los niños evidencian que es nuestro “estado natural” –del que nos vamos desconectando a lo largo del proceso de socialización- y al que podemos volver cuando queramos.

Aprender a vivir con Consciencia Plena implica des-aprender un montón de creencias y hábitos instalados en nosotros (de los que no siempre somos conscientes). Y tengamos la edad que tengamos, la herramienta para lograrlo siempre es la misma: la Atención Plena.

  1. “No se puede aceptar ni amar todo, hay muchas cosas malas.”

Aceptar lo que nos sucede no significa que estemos de acuerdo con ello. Es simplemente aplicar el sentido común, porque nadie puede cambiar lo que está sucediendo ahora, nos guste o no. (Evidentemente, con nuestras decisiones, sí que podemos influir en lo que sucederá después).

Si no podemos cambiar lo que sucede ahora, ¿no será mejor observarlo para captarlo bien y poder reaccionar más adecuadamente? Nuestra respuesta será siempre más acertada si somos capaces de ver lo que sucede sin juicios ni pre-juicios.[2] 

  1. “Si no uso la mente para juzgar, me quedo indefenso.”

No escuchar los juicios de la mente no significa que perdamos la capacidad de reaccionar y cambiar las cosas. Ocurre precisamente lo contrario: la Atención Plena nos permite disponer de más recursos para transformar la realidad, porque nos libera de los condicionamientos de nuestras creencias limitadas y permite que surja una nueva perspectiva más completa y acertada.

Normalmente nos puede el miedo, y en vez de confiar en nuestra sabiduría interna, preferimos recurrir a nuestro almacén de prejuicios (nuestra mente), y obtener un juicio “seguro”.

Pero deberíamos ser conscientes de que recurrir a nuestra sabiduría profunda es aún más seguro: por un lado, porque la respuesta prefabricada de nuestro almacén no tiene por qué ser la más apropiada en este momento y circunstancia. Y por otro, porque si la respuesta adecuada es la que teníamos almacenada en la mente, nuestra sabiduría nos la ofrecerá igualmente.

En definitiva, la Atención Plena no nos pide renunciar a nuestra base de datos, pero sí evita que ejecutemos su respuesta de forma automática. 

  1. “Aceptar no es lo mismo que amar.”

Amar algo incondicionalmente no es buscarlo ni desearlo. Es simplemente aceptarlo. Por eso para amar, basta con prestar atención sin juzgar.

Decimos que tenemos mucho que aprender de nuestras mascotas respecto al amor. Y resulta que lo único que hacen es prestarnos atención sin juzgarnos (como suelen hacer también los niños pequeños).

  1. “Si prestar atención fuese la panacea, ya lo haríamos todos.”

Yo lo atribuyo a tres razones:

La primera es el desconocimiento: no sabemos que la atención sin juicio es una clave o llave a la plenitud. ¿Cómo resolver este problema? Leyendo este libro, por ejemplo.

La segunda razón es el hábito. Estamos tan acostumbrados a filtrarlo todo por la mente, que nos resulta muy difícil prestar atención sin emitir juicios. Y es aún más difícil, intentar hacerlo de forma continuada.

Para este problema, la solución pasa por ser constante y obstinado (además de una buena dosis de confianza y paciencia).

La tercera razón es que nos gustan las emociones fuertes: como especie, parece que aún preferimos sentir el miedo o el placer que provoca la mente a vivir en paz. Pero esta “adicción” a los sobresaltos emocionales generalmente se va corrigiendo con la edad.

Para quienes deseamos vivir de forma consciente, esta obra tan personal de Jon y Myla Kabat-Zinn es tremendamente útil. Porque además de aportar técnicas sencillas para conseguirlo, contiene el testimonio sincero de dos seres humanos excepcionales en la tarea más difícil a la que uno se enfrenta en esta vida: ser padres.

Convertirse en madre o padre es una experiencia profunda, auténtica y renovadora que nos va a permitir sacar a la luz y consolidar lo mejor de nosotros mismos. Y al mismo tiempo, depurar y liberarnos de aquello que ya no necesitamos.

En ese sentido, la paternidad consciente es una ayuda fundamental para “hacer una limpieza profunda” de nuestras expectativas, frustraciones o cuestiones sin resolver que levantan una barrera entre nosotros y nuestros hijos, y que tanto sufrimiento generan en nuestras relaciones familiares.

Ser padre y madre es acoger de verdad a un niño en nuestra vida y ser para él alguien que facilite sus experiencias en el mundo. Por eso, no basta con amarle y dedicarle mínimos de tiempo y atención, sino que conviene contagiarnos de su curiosidad y ganas de aprender para vivir cada instante de forma plena.

Y es que, nuestra felicidad y la de los niños con los que convivimos, depende sobre todo de que los adultos tengamos una manera saludable de relacionarnos con los afectos. Depende de que sepamos amar y recibir amor, pero no de forma condicionada (desde el juicio), sino incondicional (desde la Consciencia Plena).

La lectura de este libro ya es en sí un ejercicio de Atención Plena. Puede que al principio te resulte algo arduo, pero te aseguro que te gustará cada vez más y que al final pasarás las páginas deseando que no acabe.

Tanto si has tenido o no alguna experiencia previa de meditación o si esta es la primera vez que escuchas hablar de todo esto, te invito a que te des permiso para leer este libro con “ojos nuevos”, un corazón abierto y una mente curiosa con ganas de seguir aprendiendo.

Recuerda: sólo aprendemos de verdad aquello que penetra en un corazón abierto y agradecido. Y tu corazón… ¿cómo está en este momento?

 
Olivia Recondo Pérez
Málaga, 2012
Coautora de Inteligencia Emocional Plena:
La gestión eficaz de las emociones a través de la Atención Plena.

[1] A mi juicio, la Atención Plena es la puerta a la Consciencia Plena, por lo que los usaré indistintamente.

[2] Son equivalentes, porque los juicios se construyen en base a nuestros pre-juicios. Y al emitir un juicio, queda almacenado en nuestra memoria como pre-juicio para ocasiones similares.

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