Blog de Viajes Sagrados, contenido sobre lugares de poder, reflexiones y practicas energeticas

Cómo es el terapeuta de la nueva era

La energía no se crea ni se destruye, tan sólo se transforma. Entonces ¿por qué no aprender a transformarla en nuestro beneficio?

Cuando uno empieza a estudiar terapias alternativas al principio cree que sabe mucho, es inevitable. De no saber nada, comienza a tener otra perspectiva y es tan grande el cambio que es imposible ver que ello es sólo el comienzo de un camino. Al avanzar un poco más empieza a ver todo lo que puede hacer, estudiar charkas, esencias florales, alimentación energética, cristales, el test kinesiológico, medicina china, EFT… ¿cómo decidir por donde empezar? Y, sobre todo, ¿cómo saber qué nos encajará más a cada uno?

A priori la tarea de ser especialistas en todo parece inabarcable, de hecho lo es. Lo que no es imposible es llegar a tener una visión de conjunto. Como especialista en terapias energéticas, uno puede conocer lo suficiente de muchas terapias como para poder aplicarlas todas si lo desea o para empezar a practicar algunas de las que luego poder ampliar conocimientos. Y ¿por qué hablar sólo de terapeutas? Cualquier persona puede desear saber más de sí misma a todos los niveles.

Louise L. Hay en su libro “Usted puede sanar su vida” comenta “Mi deseo más profundo es que algún día el tema de cómo funcionan los pensamientos sea lo primero que se enseñe en la escuela. Jamás he entendido qué importancia tiene hacer que los niños memoricen las fechas de una serie de batallas. Me parece un total desperdicio de energía mental. En cambio, podríamos enseñarles cosas realmente importantes: cómo funciona la mente, cómo invertir dinero para tener seguridad financiera, cómo ser padre o madre, cómo tener buenas relaciones y cómo crear y mantener sentimientos de autoestima y de apreciación de uno mismo”. A todo ello yo añadiría el Reiki, la acupuntura, los cristales, la alimentación, el aura, es decir, información sobre cómo sanarnos, primero a nosotros mismos y luego, si ese es nuestro deseo, a otros.

Porque al conocer más de esas terapias energéticas nos vemos más como un todo. No un cuerpo, una mente, unas emociones y un espíritu por separado. Sino como un ser multidimensional que al cuidar de cada uno de sus cuerpos sabe que está afectando a los demás.

Por ejemplo, al cambiar nuestra alimentación por una más sana, estamos tratando el cuerpo físico pero automáticamente al sentirnos mejor, estamos más alegres y activos, afectando a nuestras emociones, capacidad mental y, por supuesto, a nuestro campo energético que se ve reforzado.

Al mismo tiempo al equilibrar nuestros chakras, nuestro cuerpo físico se encuentra mejor y si sabemos cuál necesita más refuerzo podremos trabajar activamente en nuestra sanación. Si aprendemos a trabajar nuestras emociones con flores de Bach, podremos avanzar más equilibrados en todos y cada uno de nuestros cuerpos. Y esto es aplicable a todas y cada una de las terapias energéticas.

La ciencia ya está demostrando en la práctica como nuestros pensamientos y emociones actúan sobre la materia. Asistimos a un momento histórico en el que los médicos de pronto se preocupan en preguntarnos si somos felices, porque ya empiezan a aceptar que eso es un punto básico en nuestro proceso de sanación.

Y si todo es energía, incluidos nosotros, ¿por qué no aprender a manejarla? Es un camino sin riesgos, sólo se puede ganar. Tenemos a nuestra disposición remedios inocuos que nos ayudan a estar más sanos, a crecer, a conocernos.

Aunque tampoco nadie debe engañarse, como todo camino de crecimiento las terapias energéticas también implican renunciar a muchas cosas: las que nos impiden crecer. Nuestras costumbres dañinas, nuestros pensamientos negativos, nuestras rigideces, nuestras lagunas, nuestras negaciones… en definitiva todo aquello que nos han enseñado que es normal, porque la norma está enferma.

Y ya que hablamos de enfermedades es importante saber que aplicar terapias energéticas tampoco es estar en contra de la medicina tradicional. Es sólo entender al ser humano como un todo en sí mismo, no hay competencia posible. La medicina trata el cuerpo, ve la enfermedad y hace todo lo posible por eliminarla. Para ello usa fármacos, intervenciones y todo lo que está a su alcance. No se pregunta de dónde viene, qué lo causó, cómo se encontraba emocionalmente la persona cuando surgió el dolor, qué ha pasado en su vida y si vuelve a aparecer simplemente lo volverá a tratar o igual o con métodos más agresivos que la vez anterior.

Mientras en las terapias energéticas si a uno le duele la garganta, ya empieza a preguntarse qué está callando, qué circunstancia ha hecho que aquello salte, ¿algo de la infancia quizás? ¿He tosido mucho antes o he sufrido afonía? ¿En qué circunstancia? Siento que no me gusta nada el color azul, que es el correspondiente a ese chakra, ¿cómo me hace sentir? ¿hay algo que no pueda “tragar” en este momento? O si me duele la rodilla empezaré a pensar a qué tengo miedo, ¿me cuesta doblegarme ante algo, alguien o ante mí mismo?

Para mí está clara la diferencia, la medicina tradicional se encarga del coche, la energética ve el coche y cree que es importante arreglarlo pero también intenta comprender qué le pasa al conductor. Será maravilloso el día en que todos juntos nos sentemos a hablar de ello, sobre todo para el paciente.

Porque cuando uno asume la responsabilidad que tiene sobre lo que le ocurre físicamente, las circunstancias y personas que atrae a cada momento, y se pregunta qué puede aprender de ello, deja de ser un ente al que le pasan cosas sin capacidad de reacción, desvalido y sin poder, una víctima en definitiva, para convertirse en un ser en evolución que cada vez comprende más su paso por esta Tierra, ganando en felicidad y paz interior, como el poderoso mago que realidad es.

Gurdjieff decía que el desarrollo de la conciencia no es algo que se pueda hacer inconscientemente y que el desarrollo de la voluntad no es algo que se pueda hacer involuntariamente. Por tanto, evolucionemos, crezcamos voluntaria y conscientemente y que eso nos beneficie, antes que a nadie, a nosotros. Tanto si queremos ser terapeutas como si no, todos los que nos rodean se verán beneficiados por ello. Es en medio de la oscuridad donde más puede verse la luz.

Conozcamos nuestro cuerpo o, mejor dicho, nuestros cuerpos a todos los niveles, aprendamos todo lo que la Tierra pone a nuestro alcance, flores, cristales, aromas, colores, alimentos… Tengamos una visión de conjunto para poder disfrutar al máximo de nuestra experiencia aquí y ahora. Después, nada será igual.

Raquel Rus

Profesora y terapeuta de itiee

http://www.itiee.org

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