Ponte al Día

El troglodita Escocés

El joven es iniciado en la caza, lo que fuerza su naturaleza pacífica y le obliga a ensañarse, por temor y desahogo, con las grandes piezas, inducido por su instructor, hombre fuerte, violento y muy agresivo.

 Pasado un tiempo, en su choza, contempla impotente desde el lecho, postrado por alguna enfermedad que le impide moverse, como ese hombre degüella a su esposa y la clava su espada en el vientre, mientras su hijo huye gateando.

Después, el agresor se dirige a él con sorna y crueldad, saboreando el sufrimiento que le ha provocado y el que le provoca anunciándole su muerte. Eleva lentamente la espada sobre su cabeza y la deja caer con toda su fuerza, partiéndole el cráneo.

El espíritu del joven sale del cuerpo en forma de una densa energía verde que se queda pegada en el techo de la choza, y que, una vez completa, se cierne sobre el asesino ahogándole, creándole una angustia infinita, dejándole hecho un ovillo carbonizado.

Al expirar, este ser se transforma en energía blanca que sube a través del techo sin dificultad.

La energía verde entonces sale, casi rastreramente por la puerta y entra, al subir, en una densidad negra de la que surgen figuras rojas que le recriminan su acción, le gritan y zahieren. Se tapa los oídos para no oírles, pero finalmente reconoce que la venganza nunca está justificada y por su propio poder debió saber perdonar.

Una vez purgado su delito, sube ya transformado en energía blanca a un lugar más luminoso, de suelo algodonoso, donde le espera el alma de su esposa que, sonriente, le ofrece pasar por un umbral que le lleva a través de un laberíntico e intrincado pasadizo de bellas paredes rocosas, como de hielo iluminado por dentro, que va girando a izquierda y derecha, subiendo con poca inclinación sin vislumbrar nada más que las paredes contiguas.

Acaba en un lugar sin luz, pero tranquilo, como un firmamento en el que le llegaran las estrellas a gran velocidad, transformadas en figuras geométricas alargadas y de colores sin brillo, formando rayas y cuadrados.

En el siguiente paso es un ser transparente en su contorno y su atuendo, una túnica blanca, sin mangas, ceñida por un cinturón de piedras refulgentes de colores. Está en un palacio de cristal, grande y luminoso.

Se acerca a un atril donde hay un libro abierto con caracteres que no distingue porque está borroso, es como si viera a través de agua. Pone su mano sobre la página para aquietarlo y entonces el color y la densidad entran por su mano, suben por el brazo y llegan a todo el cuerpo, dándole consistencia.

Se dirige al trono que ha descubierto en la sala porque, aunque se resiste, intuye que es su sitio. Se abren las puertas de la inmensa sala y entra mucha gente, todos con túnicas blancas, ordenadamente, en silencio.

Forman un pasillo hacia las puertas del fondo, por donde entra un pequeño séquito en el que destaca el hombre que le agredió en su vida anterior, con túnica corta, cabizbajo y arrepentido; sometido a la volundad de su señor, que es el joven.

Al llegar a él se arrodilla y baja aún más la cabeza. El joven le perdona colocando su mano sobre ella. Alivio general y el alma de la esposa, que aguardaba fuera, se desvanece. Acto seguido, también lo hace el joven , dejando su túnica sobre el trono.

Maria Aurelia Cascon

http://mariaaurelia.jimdo.com/

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