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El Lago Titicaca

El Lago Titicaca.

Este lago se encuentra entre la frontera de Perú y Bolivia. Está a una altura de 3800 metros sobre el nivel del mar y tiene una extensión de, aproximadamente, 9000 kilómetros cuadrados. En él todo depende de las lluvias y es el recuerdo de un ancho mar. La leyenda afirma que de él surgieron dos pueblos, que, pasando el tiempo, llegaron a ser imperios: los Tiwanaku y los Incas. Es en éstos últimos donde encontramos una hermosa leyenda.

El lago Titicaca es un límpido espejo continuamente abrillantado por la paz, la serenidad y la pureza de la altura donde está situado. Es un lago que proyecta una luz muy especial y que guarda entre sus aguas el secreto del encuentro del Sol y la Luna que en él se protegieron durante los días del diluvio. De este encuentro surgieron los dioses del origen del mundo y del mismo lago, de su espuma, salieron un día de la isla del Sol el inca Manco Capac y su hermana y a la vez consorte Mama Occllo, pues en aquellos tiempos la pureza de sangre era respetada como tema sagrado. El mandato del Sol sobre ellos era claro: deberían fundar un imperio uniendo las culturas de las orillas del lago: los chiripa, los pucara, los tiahuanacota y en nombre de la paz, formar una civilización. Resultado de este mandato fue el imperio de Tahuantisuyo, rico en animales y cultivos y también en oro y plata.

A los habitantes del imperio nada les faltaba, y sobre ella no se conocía ni el odio ni la ambición ni la muerte. Todos estaban bajo la protección de los Apus, los dioses de las montañas, que tan sólo les prohibieron no molestar al Fuego Sagrado que ardía allá arriba, en la cima de las montañas. Los hombres terminaron por desobedecer a los Apus y guiados por su curiosidad escalaron las montañas en busca del Fuego Sagrado, pero en su camino de ascenso fueron sorprendidos por los Apus, que hicieron salir de sus entrañas a miles de pumas salvajes que los devoraron en las faldas de la montaña.

Inti Raymi. El Sol,  al ver semejante desastre comenzó a llorar y no paró de hacerlo hasta que después de cuarenta días el valle fue inundado. Un hombre y una mujer se salvaron de esta hecatombe. Cuando Inti Raymi, el sol, brilló de nuevo, el hombre y la mujer se sorprendieron de lo que vieron: el manto del cielo los arropaba y ellos, sin saber cómo habían llegado allí, estaban en medio de un inmenso lago, flotando en un barco de juncos de totora. A su alrededor, los pumas habían sido transformados en estatuas de piedra.

Esta leyenda repetida por los habitantes del lago y encontrada en innumerables documentos nos refleja los bellos orígenes del mundo inca, tanto del lago Titicaca como de Cuzco. En una de las historias, Inti Raymi confió a Manco y su hermana Mama un bastón de oro, sugiriéndoles que al llegar al lago Titicaca caminaran en dirección norte, y cada vez que se detuvieran hincaran el bastón en la tierra. Cuando aquél se hundiera sin dificultad en la tierra, sería la señal esperada para fundar la ciudad que se convertiría la capital del imperio, y desde ese lugar, que llamarían Cuzco o qusqu wanka, “el mojón de la lechuza”, gobernarían el imperio del Sol  o el imperio de Inti Raymi.

Hoy en día estas leyendas no son para muchos otra cosa que leyendas o cuentos  para niños, pero una reciente expedición de expertos arqueólogos descubrió las ruinas y restos de lo que sería una ciudadela inca escondida en los abismos del lago. A unos ocho metros de profundidad en el lago, los arqueólogos-submarinistas lograron apreciar con nitidez murallas de piedras perfectamente ensambladas y encajadas entre sí. Al cotejar las fotografías, pudieron comprobar que eran muy similares a las encontradas en Machu Pichu. También, dentro de la “ciudad submarina”, encontraron una plataforma de piedra con figuras de cerámica a la que atribuyeron, por similitud con otros lugares similares, el sitio donde se depositaban ofrendas o el lugar sagrado.

La expedición también encontró una estructura de formación rocosa que sobresalía del agua, de aproximadamente unos veinte metros de diámetro y con una altura de entre tres y cuatro metros. Sobre ella estaría colocada una estatua de piedra con probable forma de llama, un animal oriundo de las montañas andinas emblemático por su utilidad y características  de estas tierras peruanas y de otros muchos lugares de Sudamérica.

Tal vez el lago de las 36 islas  esconda algo más en sus aguas que tan sólo meras leyendas.  Para comprobarlo: siéntalo, disfrútelo y deslícese por sus aguas con el respeto que hoy en día guardan sus habitantes hacia él, pues no han olvidado que es un regalo del dios Inti Raymi a los seres humanos para que disfruten en paz de la vida en la tierra.

Alberto García

www.viajessagrados.com

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